Y CUANDO TERMINE LA MAGIA ¿QUÉ? * Por CPN Javier Apilanez Martínez Magister en Economía y Negocios Profesor Ciencias económicas y sociales Universidad Nacional de San Luis, doctoral por la Universidad Nacional de Córdoba – Tesis en etapa de evaluación.-
Estoy notando que el debate económico argentino guarda una notable analogía con un muy interesante clásico cinematográfico de ciencia ficción de los ’80 llamado Estados Alterados. En él, un científico (el Dr. Jessup) se encierra en un tanque de aislamiento para explorar la conciencia, su conciencia. Con el tiempo, termina desconectándose del mundo a tal punto que empieza a creer que sus visiones son más reales que la realidad misma. Cuanto más experimenta, más se transforma. Luego de tanto experimento solo puede, primitivamente, gruñir.
Cuando me asomo desde el borde del tanque donde habitan las ideas que motivan este relato (porque debo ser honesto con Udes, también padezco mi propio tanque), parece que no hay un solo tanque sino dos, o tal vez más. A estos fines, por ahora pensemos que hay dos.
Rápido se ve al de la reposera keynesiana que se inyecta papers anabolizantes en su frenético esfuerzo por tener vigorosas demandas agregadas, alimentadas por robustos multiplicadores del gasto. La idea de que un estado potente nos podría salvar pronto se terminará diluyendo en un gruñido sobre consumo redistributivo y crecimiento con inclusión, sin advertir que se ha convertido en víctima de los efectos colaterales de la ingesta antes reseñada.
Y cuando giro para mirar hacia la derecha, se ve una especie de laboratorio comandado por su señor pulcro e impecable, de rostro adusto pero un tanto sobrador, abocado a la tarea de introducirle al algoritmo de cálculo las ideas que flotan en su tanque. Luego de presionar Enter, emergen resultados que son meros ecos del gruñido de un ratón de biblioteca.
Cuando ya emerjo desde mi tanque y aterrizo en la superficie, veo que el mercado opera a los ciudadanos sin anestesia, que la usura institucionalizada (nunca supe por qué se llaman bancos…) despluma el salario con la gruesa fusta de la actual tasa de interés. O algo que es más triste aun: las pruebas PISA acababan de someternos a un baño de rigor. Somos incapaces de enseñarles a leer o a sumar a nuestros pequeños.
Frédéric Bastiat lo sabía cuando escribió: «Si la ley (permitan los lectores una intromisión: la política) produce esclavitud, miseria, pestes y guerras, es porque hay algo que falta: la verdad.» Y aquí está el problema de fondo: ambos tanques operan sin ella. Uno le reza al Estado imaginario, el otro le reza al mercado perfecto. Pero hay un factor común entre ambos: ninguno se atreve a mirar donde duele.
Sin mucho más que aportar, solo quiero advertir algo: la puerta de salida del paraíso termina en un ropero.
(*) p/ Javier Apilánez Martínez – 10/09/2026
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