SAN LUIS PROVINCIA DONDE IMPERA EL BURÓCRATA.- Por Carlos Gabriel Samper
Por Carlos Gabriel Samper
Cuando Claudio Poggi era oposición cuestionaba, con mucha razón, que Alberto Rodríguez Saá se hubiera rodeado de funcionarios sin contacto con la realidad productiva de San Luis. Criticaba un gobierno integrado por burócratas que conocían el funcionamiento del Estado, pero desconocían cómo funciona una empresa, cómo se genera empleo y cómo se crea riqueza.
Aquella crítica no era menor. Expresaba una forma distinta de entender el gobierno y una promesa de cambio que fue acompañada por miles de puntanos.
El problema es que, a poco más de dos años de gestión, el propio gobierno de Poggi comienza a recorrer un camino muy parecido.
Durante los últimos años del gobierno de Alberto Rodríguez Saá, especialmente tras su alineamiento con el kirchnerismo puro, se profundizó un modelo de gestión integrado por funcionarios alejados del sector privado y, en muchos casos, sin conocimiento de la realidad económica de la provincia. Esa visión quedó crudamente expuesta durante la pandemia.
San Luis aplicó una de las cuarentenas más restrictivas del país. Hubo productores rurales que no podían ingresar a sus propios campos para alimentar a sus animales; comerciantes obligados a cerrar sus puertas durante meses; rutas bloqueadas y hasta la prohibición de que beneficiarios del Plan de Inclusión Social realizaran changas para complementar ingresos que resultaban insuficientes.
Aquellas decisiones terminaron por romper el vínculo entre el gobierno y una parte importante del sector productivo. Pequeños productores agropecuarios, comerciantes, profesionales independientes y trabajadores por cuenta propia dejaron de sentirse representados por un Estado que parecía desconocer por completo cómo funciona la economía real.
Ese desgaste político explica, en parte, la crisis que hoy atraviesa el peronismo puntano.
Algunos dirigentes comprendieron el mensaje. El diputado Fernández decidió tomar distancia del kirchnerismo e intentó construir un peronismo con identidad provincial. Otros, en cambio, profundizaron ese camino. El diputado Alí no sólo integra el bloque kirchnerista, sino que ha acompañado aumentos de impuestos, del gasto público y distintas posiciones políticas que lo identifican plenamente con ese espacio.
En ese escenario reaparece Adolfo Rodríguez Saá con la intención de volver a competir por la gobernación. Sin embargo, el paso mas que evidente del tiempo, la aparición de nuevas generaciones y el desgaste natural de cualquier liderazgo hacen difícil pensar que pueda reconstruir el respaldo político que alguna vez tuvo.
Con una oposición fragmentada, el panorama electoral aparece favorable para una eventual reelección de Claudio Poggi.
Pero allí surge una contradicción que merece ser señalada. Si una de las principales críticas al gobierno anterior era el exceso de burócratas alejados de la producción, ¿por qué el actual oficialismo comienza a repetir exactamente la misma lógica?
La reciente designación de María Eugenia Sosa Herrera como ministra de Hacienda vuelve a abrir ese debate.
La ministra posee una extensa trayectoria en la administración pública. Nadie discute sus antecedentes ni su capacidad técnica. Lo que sí cabe preguntarse es si ese es el perfil que hoy necesita San Luis para recuperar su perdida competitividad y atraer inversiones.
Porque administrar recursos públicos y administrar una empresa son experiencias completamente distintas.¿ O no ?
¿Alguna vez tuvo que pagar un sueldo con recursos propios? ¿Conoce la incertidumbre de llegar a fin de mes sin saber si alcanzará para afrontar la carga salarial? ¿Debió gestionar un formulario 931, enfrentar una inspección de AFIP, negociar un descubierto bancario o decidir entre pagar impuestos o reponer mercadería? ¿Tuvo que sacrificar algunas vacaciones acaso, o posponerlas?
Son preguntas que cualquier pequeño empresario, comerciante o productor puede responder acertadamente desde su experiencia cotidiana.
No se trata de desmerecer la carrera administrativa de ningún funcionario. Se trata de comprender que una provincia no puede diseñar políticas para el sector privado si quienes las elaboran jamás vivieron la realidad del comercio.
Mientras tanto, a apenas 120 kilómetros de Villa Mercedes, Río Cuarto sigue marcando el camino de superación .
Mercado Libre acaba de inaugurar un centro logístico de 4.000 metros cuadrados sobre la Ruta Nacional Nº 8 para acelerar la distribución de productos en toda la región.
Al mismo tiempo crecen las empresas tecnológicas vinculadas al agro y a la industria —AgTech, FoodTech y BioTech— impulsadas por inversiones privadas y fondos de capital emprendedor. También avanzan nuevos desarrollos inmobiliarios de uso corporativo y residencial que acompañan el crecimiento económico de la ciudad.
Mientras Río Cuarto compite para atraer inversiones, generar empleo privado y convertirse en un polo de innovación, en San Luis seguimos convencidos de que la solución pasa por nombrar más funcionarios de carrera.
La diferencia entre una ciudad y otra es sencilla. Unos gobiernan pensando en quienes invierten, producen y generan empleo.
Los otros siguen pensando desde la endogamia del Estado: funcionarios que conocen el Estado, hablan con el Estado y terminan gobernando únicamente para el Estado.
Mientras tanto, quienes producen, invierten y generan empleo siempre quedan fuera de la mesa donde se toman las decisiones. Y cuando el Estado se convierte en el único horizonte de quienes gobiernan, la provincia inexorablemente deja de crecer.
Quizás allí esté el verdadero problema de San Luis.
Cambian los gobernadores, cambian los partidos políticos y cambian los discursos de campaña. Pero la lógica de gobierno parece ser siempre la misma: rodearse de empleados de la administración pública que conocen cada expediente del Estado, pero desconocen la realidad de una pyme, de un comercio, de un productor agropecuario o de un emprendedor.
Después nos preguntamos por qué las inversiones llegan a Córdoba y no cruzan el límite provincial.
Que quede claro : San Luis ya no necesita de más gestores del aparato público.
Necesita funcionarios que conozcan el sector privado, que entiendan cómo se genera riqueza y que comprendan que el empleo genuino no nace de un escritorio estatal, sino del esfuerzo cotidiano de miles de empresarios, comerciantes, productores y trabajadores que todos los meses arriesgan su propio capital para mantener viva la economía de la provincia.
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